Crónicas imperiales sobre la antigua ciudad de Seran

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Para el año 810 A. S., cuando el emperador Kantius II gobernaba occidente, unos decididos mercaderes con espíritu de aventureros se dispusieron a adentrarse en la mítica ciudad conocida como Davhen ih Sahalot. Cuando llegaron a ella, su sorpresa no pudo ser mayor, pues encontraron a sus habitantesviviendo en unas condiciones más prósperas de las que ellos habían predicho. Los mercaderes, astutamente, supieron mostrar su amabilidad para que el pueblo Davhenita les recibiera gustosamente. Al pasear entre las ruinas, los extranjeros no pudieron evitar deleitarse con las antiguas obras que allí pudieron encontrar.

“Aunque vivían con taparrabos, los Davhenitas tenían una ciudad esplendorosa. Habían construido diferentes templos escalonados como lugar de culto. Pero lo que más me sorprendió de todo lo que vi, fue la arena de combate, o como ellos la llamaban, la “Hannaka”. En cuanto contemplé aquellos robustos cimientos, no pude evitar consultar a sus chamanes y sabios cual era la razón de aquella titánica estructura. Cuando traduje sus palabras, mi sorpresa no pudo ser mayor. Por lo que me comentaban, aquella arena sagrada había sido construida hacía siglos para que los diferentes guerreros honraran a los dioses de la selva. Si las tradiciones eran auténticas, aquel lugar era mágico, ya que todos los luchadores que honraban a sus dioses con la sangre de sus enemigos, no morían tan rápido como otros luchadores cuando sufrían heridas similares. Como imaginaréis, solicité que algunos de sus mejores campeones me demostraran los poderes de aquel lugar. Pero sorprendentemente ninguno quiso entrar. Las sonrisas de los chamanes durante su narración de la historia, se tornaron en temor y miedo cuando se les pidió que entrasen allí para derramar sangre. Asique durante aquel viaje no pude averiguar si eran ciertas las historias. Aunque más adelante, cuando la ciudad pasó a nuestras manos, pude contemplar que aquel coliseo era…” Diario de Mahir Saladar, conocido por ser el primer Principe Mercader Blanco.

Varios años después de que aquellos mercaderes se hubiesen establecido en Davhen ih Sahalot, la ciudad cambió. Incluso sus autóctonos comenzaron a vestir y hablar con las lenguas comunes que aquellos aventureros habían traído. Sin embargo, el antiguo pasado de la ciudad nunca llegó a desaparecer del todo, y en la actualidad sigue existiendo el ancestral culto a la diosa. Sin lugar a dudas, los mercaderes habían logrado su finalidad, aprovechar el emplazamiento de aquella ciudad para comenzar a construir la esplendorosa ciudad de sus sueños.

“Cuando llegue allí, jamás me esperaba que nuestro sueño fuese a convertirse en realidad. Parece mentira que aquella expedición hubiese funcionado. En mi tierra natal me llamaron loco, incluso llegaron a desheredarme por la “locura” que iba a cometer. Nadie había salido vivo de un viaje bordeando los mares de la bruma- decían. Y desde luego se pensaban que nosotros no seriamos la excepción. Pero se equivocaron, los conocimientos de orientación de Nahil fueron espectaculares, nos permitieron llegar sanos y salvos hasta la ciudad de nuestros sueños. Poco a poco, los cimientos de nuestras ilusiones se alzaban, es más, en unas cuantas décadas la ciudad estaría preparada para ser uno de los lugares más importantes del comercio” Escribió Feredran Einval. Conocido por ser el primer Principe Mercader Negro.

Fueron cinco los mercaderes que “conquistaron” los corazones Davhenitas: Feredran Einval, Mahir Saladar, Dairon Teeman, Kantei Onoko y Aldair Mavedig. Y fue durante esta era cuando la ciudad cambió su nombre al de “Seran”, ya que era así como se conocía a la península que nadie había logrado conquistar desde los tiempos de Deneth III. Los mercaderes establecieron un sistema de gobierno curioso, pues todos y cada uno de ellos podría votar en las diferentes decisiones sobre la ciudad. Por eso se crearon los colores de cada gremio, para representarles. Feredran escogió el negro, Mahir el blanco, Dairon el morado, Kantei el amarillo y Aldair el verde (otros colores como el rojo, azul, rosa y naranja fueron establecidos posteriormente, por otros nuevos mercaderes).

Cada año, los mercaderes convocaban un torneo para decidir quién se convertiría en el “rey mercader”. El torneo lo ganaba aquel cuyo campeón superará al resto en los diferentes combates. Al principio los mercaderes usaban esclavos de combate, pero luego la gloria de los gladiadores en la arena fue tal que pronto se convirtieron en libertos, los grandes heroes del pueblo seranita. El título era muy deseado por todos los gremios, ya que permitía una serie de derechos superiores a los del resto. No obstante, el rey mercader no era nadie si no escuchaba al resto de sus compañeros. Curiosamente, el sistema funcionó y dio a Seran la estabilidad que tanto necesitaba. Haciendo posible que todo evolucionase hasta lo que a día de hoy se conoce. Sus secretos para sortear las diferentes corrientes que conducían al mar de las brumas les permitió prosperar sin ser atacados por los diferentes reinos occidentales. Pero la paz que habían experimentado durante largos siglos se vio truncada en el 20 D.S. cuando Tzeng Zhao-Inmei, un Honori de la isla de Kunshay (ubicada al este de Seran) intentó conquistarla para extender su humilde, pero poderoso reinado. La campaña de Tzen fue todo en éxito al principio, logrando apoderarse de Seran durante varios años. Pero el control sobre la ciudad se hizo cada vez más difícil, llegando incluso a suponer serios problemas al Honori. Por eso, en el 125 D.S, el Honori Chen Zhao-Inmei se vio obligado a renunciar al control sobre la cosmopolita polis, ya que sus consejeros y hombres más cercanos no apoyaban sus deseos de expansión. Pese a lo que se piense, las relaciones entre Kunshay y Seran no fueron demasiado hostiles después de todo aquello, ya que todo seranita entendía que no convenía enemistarse con el poderoso Honori. Además, a causa del contacto establecido, se forjaron nuevas rutas de comercio que permitieron a Seran prosperar para llegar incluso a recuperar todo lo perdido durante aquellos años de sumisión. Aquellas rutas de comercio se mantuvieron hasta hace 100 años, cuando Ishun Zhao-Inmei, decretó que el comercio entre ambos países se clausuraría por cuestiones de honor. Según alegó el Honori, las gentes de Seran eran demasiado avaras y amorales. Por eso, él no permitiría que su pueblo estuviese en contacto con objetos de gente tan deshonorable. Lógicamente, Kunshay era un lugar prospero y rico, por lo que pudo permitirse el cierre comercial sin demasiadas perdidas. En cambio Seran perdió rutas exclusivas que le habían permitido disponer de un género totalmente exclusivo. A la par que las nuevas técnicas y saberes se hacían un hueco en la próspera y abierta Seran, un famoso estudioso que se hacía llamar Esteas refundó el Ágora en el 590 D.S, una especie de antiguo foro donde diferentes sabios y eruditos mantenían discusiones filosóficas. El famoso Esteas despareció veinte años después de mostrar sus conocimientos para dejar todo su legado a su alumna predilecta, Nereila. Pero la sabia mujer no duró mucho en su cargo, ya que la ley de la ciudad se vio obligada a desterrarla, quedando Danae y Celecia como sucesoras. Ambas profesoras no lograron ponerse de acuerdo, por lo que decidieron dividir la herencia de Esteas en dos escuelas, la del Alba y la del Ocaso.

Actualmente, no es ningún secreto que los gremios de la ciudad desean volver a retomar las rutas de comercio con Kunshay, pero el actual Honori que sustentaba el poder ha sido derrocado por un señor de la guerra conocido como Kentaro Mushai. Asique las hipotéticas negociaciones parecen haberse esfumado, pues el tal Kentaro es conocido por su tiranía y crueldad.

Ahora, lo más que más les importa a los magnates de Seran es que sus bolsillos logren reventar gracias a todas las ganancias que el Torneo de gladiadores dejará. Además de elegir por supuesto al nuevo Rey Mercader…

Nota: este escrito es anterior a la anexión de Kunshay por parte del Imperio con ocasión del matrimonio del emperador Abadon con la princesa Da-ji y el derrocamiento de Kentaro Mushai.

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