Zarehín

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La Ciudad-Fortaleza de Zarehín es un antigua ciudad-estado independiente ubicada en el escarpado pico Yuther, en la cordillera de las Montañas Nevadas, al norte de Formheil.

La Coronación del Fuego

El Año de la Coronación del Fuego ha llegado. Cada siete años el reino de la Ciudad-Fortaleza de Zarehín se entroniza en llamas. Hace incontables siglos, el Dragón Zarehín salvó a la ciudad de un terrible cataclismo entregando su Ojo al gran héroe Dralor. Los antiguos cambiaron el nombre original de su ciudad por el de la mística criatura como muestra de agradecimiento: Zarehín, la Ciudadela del Dragón.

La Coronación del Fuego es tanto un ritual de gran poder como un festival, tan famoso que atrae a multitud de viajeros y curiosos de toda Vahnaë, lo que ha convertido a la ciudad en un enclave importantísimo para comerciantes, eruditos y aventureros a lo largo de los siglos. ¡El ritual milenario de la Noche Ardiente llenará de fuego el cielo nocturno con el ancestral poder de la reliquia que aún contiene el Ojo de la Gran Sierpe!

El Año de la Coronación del Fuego acabará cuando se devuelva la reliquia que contiene el Ojo de Zarehín al tesoro de la ciudadela... ¡No puedes dejar escapar la oportunidad de asistir a este magno acontecimiento! La antigua Zarehín ha abierto sus puertas, ¡acércate al fuego de su mirada! ¡Contempla el Ciclo del Dragón!

Historia

Hace incontables siglos, cuando Formheil aún se llamaba Hemheil y el Imperio aún no había llegado a estas tierras, surgió una ciudad. Su esplendor se igualaba con lo atrevido de sus cimientos, en lo alto de la gran montaña Yuther. Pero el orgullo de la ciudad ofendió a los Dioses de la Guerra. Primero mandaron sus ejércitos pero los habitantes de la ciudad la convirtieron en una fortaleza inexpugnable y las hordas de los ejércitos del Culto se rompieron como las olas lo hacen contra un acantilado. Entonces, en el año 959 a.S., los Canes del Caos lanzaron una terrible maldición para destruir la ciudad. Las plagas, los terremotos y la muerte pronto amenazaron con borrarla de la faz de Odnumai.

Entonces, cuando toda esperanza estaba perdida surgió un joven héroe: Dralor, que con riesgo de su vida se presentó ante el Señor Dragón Zarehín y le pidió que salvase su ciudad. Tal fue el valor que contempló el Dragón que le cedió su ojo a Dralor. El joven Dralor, con el poder del ojo de Zaherín, salvó a la ciudad de la ira de los Falsos Dioses. Agradecidos, los habitantes nombraron a Dralor como su rey y cambiaron el nombre de su reino por el de Zarehín, la Ciudadela del Dragón.

Pasaron los años y el poder de la ciudad-fortaleza se incrementó con el poder del Ojo de Zarehín. Ningún ejército, ningún rey vecino, ni siquiera los Falsos Dioses podían oponerse a la gloria de Dralor. Algunos Dioses de la Guerra trataron de volver a conquistar la ciudadela entonces y en los siglos subsiguientes pero sus esfuerzos fueron en vano. Se sucedieron los años dorados hasta que un día, una gran sombra cubrió la montaña: Zarehín retornaba para recuperar su ojo. El peso de la corona había oscurecido el corazón del rey Dralor, llenándolo de orgullo y ambición. El anciano rey se negó a devolver la fuente de su poder. Así, el dragón lo maldijo con estas palabras: «Te convertirás en guardián de este poder. La ciudad brillará por los siglos de los siglos con el fuego de mi mirada y recompensará al valor de los héroes que, como tú, demuestren su valor ante mí. Pero tu alma, Dralor, arderá ante mi ojo para siempre y lo mismo sucederá a los indignos.»

Desde entonces, el Ciclo del Dragón rige en Zarehín. Cada siete años, durante la Coronación del Fuego, muchos héroes acuden para descubrir la fuente mística del poder de Zarehín. Se dice que la mirada del Dragón puede conceder casi cualquier deseo… Sin embargo, esto no está exento de riesgos: además de las terribles pruebas que debe afrontar el héroe, si alguno es juzgado indigno por el Dragón, corre el riesgo de alimentar el Ciclo: matar al anterior héroe maldito (el primero de los cuales fue Dralor) y quedarse encerrado para siempre junto al Ojo, maldito a su vez, hasta que otro héroe indigno lo sustituya y su alma arda para siempre en el fuego de la mirada del Dragón.

Sin embargo, con el paso de los siglos, los habitantes de Zarehín acabaron hartos de tantos héroes bravucones que acudían a las profundidades de la ciudadela, muchos de los cuales desaparecían... Ciertamente, la fama de la ciudad era buena para el comercio y su prestigio pero decidieron dejar pasar solamente a los héroes que demostrasen su valía primero ante ellos para luego hacerlo ante el Ojo del Dragón.